A partir del autor/a establecido a principios de semestre. Verificar una problemática, interrogarse acerca de ella y elaborar un ensayo de no más de 3 páginas. Los/as invito...
F. Nietzche
PROPUESTA PARA LA ELABORACIÓN DE ENSAYOS EN LA UNIVERSIDAD
Continuamente los profesores universitarios se quejan por la mala redacción de los alumnos, tanto en la sintaxis como en la ortografía , por la metodología para exponer las ideas y diferenciar entre premisa y argumentación, por la dificultad de concluir y dar cierre a un escrito, por la falta de citas y la frecuente costumbre de tomar textos ajenos sin conceder el respectivo crédito. Estas preocupaciones aumentan cuando se trabaja en una facultad que exige formar profesionales con altas capacidades para crear textos y productos comunicativos, generalmente soportados en un escrito.
Adicionalmente, la escritura se constituye en el medio ideal para verificar nuestros procesos académicos e intelectuales. La escritura, dice Walter Ong, reestructura el pensamiento, ya que nos permite distanciarnos de él. En la vida diaria hablamos de variados temas con irresponsabilidad: asumimos posiciones ligeras, calificamos y concluimos con premura sin suficiente conocimiento de las situaciones. Predomina el a priori que el a posteriori. En cambio, cuando escribimos, materializamos nuestro pensamiento prolongando las palabras registradas en el papel. Podemos con detenimiento observar el orden de nuestra exposición, los temas reiterativos, el enfoque, la seriedad y sustento de nuestras afirmaciones.
LA METODOLOGÍA
Decía un viejo maestro de humanidades que la mejor metodología era la claridad en los objetivos. En la evaluación de los escritos actuales suele concederse mayor importancia a los aspectos de forma que a los de fondo: Las numeraciones, las distancias de los márgenes, las portadas. Es más fácil medir esas normas que valorar la pertinencia de un contenido. Me atrevo a comparar muchas de las metodologías existentes con los enredados procesos burocráticos que debemos afrontar al tramitar algún documento. Qué tan oportunos son los procedimientos? Son necesarios tantos requisitos cuando se dice del ensayo que es el más libre de los géneros ? No es justo exigir a los alumnos trabajos sin antes sugerir una metodología clara para su elaboración. Razón tienen los estudiantes cuando se quejan por la ambigüedad en la evaluación. ya que no se les presentan modelos de escritura ni técnicas para iniciarse en ella. Los profesores, en la mayoría de los casos, tampoco escriben y por lo tanto no son modelos para sus alumnos.
El ensayo es una de las formas más frecuentes de evaluación en la universidad, pero suele ser el más arbitrario de los géneros en cuanto que, para cada profesor. los parámetros son distintos. Cada maestro suele decir: para mi el ensayo es... Cuando el alumno recibe el ensayo calificado (y no corregido) se pregunta ¿ en qué se basó el profesor para darme esta nota? La corrección exige anotaciones, señalamientos, recomendaciones. Cuando existe un modelo de ensayo donde están definidos sus aspectos básicos el alumno tiene la oportunidad de construir a partir de una referencia especifica. De lo contrario el alumno va a gastar mucho tiempo tratando de adivinar el estilo que le gusta al profesor, quien coloca una nota de acuerdo a un vago sentimiento de “me gusta o no me gusta” sin precisar por qué es correcto o incorrecto. En un mismo semestre el alumno tiene que acomodarse al parecer arbitrario de cada uno de los profesores en la elaboración de ensayos.
El ensayo combina el lenguaje académico y científico con la visión personal del problema, esa es su principal característica: se trata con seriedad y rigor el tema escogido pero, también se especula, se juega, se mira desde la subjetividad. Un ensayo demasiado académico se torna pesado y un ensayo que sólo contenga la visión personal se convierte en un escrito subjetivo y de poco valor académico. En cualquiera de los dos casos se convierte en otra clase de escrito. Es característica esencial del ensayo la presencia de los dos aspectos. Por eso el ensayista mexicano Alfonso Reyes, lo llamó el género centauro.
A los escritores experimentados no se les sugiere modelos, pero a un estudiante que quiere ejercitarse en el arte de ensayar le resulta muy útil apoyarse en un modelo. La escritura entendida como un campo de batalla permanente, como un ejercicio de la mente, como un espejo para auto evaluarnos constituye una oportunidad para aprovechar la academia.
UN MODELO PARA COMENZAR
Los ensayos universitarios de pregrado suelen ser escritos de dos o tres cuartillas. Sin embargo la exigencia es variable dependiendo del semestre, de la materia y del tipo de evaluación, ya que en ocasiones el parcial o incluso el examen final es un ensayo. Aunque el siguiente modelo esta pensado para los tradicionales ensayos cortos puede servir para la construcción de trabajos más extensos. Se pueden diferenciar tres momentos en la elaboración del ensayo: la preescritura, la escritura y la postescritura.
La Preescritura. En esta etapa nos documentamos de manera suficiente sobre el tema a desarrollar. Se contemplan las fuentes bibliográficas y las entrevistas. Trazar un plan con unos objetivo y los tópicos ha desarrollar suele ser recomendable. De las lecturas y las entrevistas hacemos una lista de ideas que podemos complementar con nuestras propias ideas (no hay que olvidar la combinación de lo personal con las ideas de los expertos) una vez tenemos la lista de ideas podemos elaborar un mapa donde se jerarquizan y agrupan los bloques de ideas para crear una estructura. Estos grupos forman, en la etapa de la escritura, los párrafos.
La Escritura. Para comenzar se elabora un párrafo de ubicación si el ensayo es muy corto, o más si se trata de un ensayo extenso. Aquí, usando un lenguaje claro y directo se expone el tema que vamos a tratar, desde qué punto de vista y para qué. Responderemos a los interrogantes básicos para ubicar al lector. Este párrafo es la base de la construcción del escrito y dependiendo de su solidez se facilitara o no el desarrollo del texto. En los párrafos siguientes se desarrollaran otros bloques de ideas que tenemos en el mapa. Es importante que toda afirmación sea respaldada, ya sea con argumentos, con ejemplos o con citas.
Las Citas. Las ideas tomadas de otro autor deben ser citadas. Podemos también, citar a nuestros amigos, a nuestros profesores explicando, eso sí, su relación con el tema. Dos formas muy utilizadas son las que usan comillas y numeran al terminar la cita, para ubicarla como pie de página o al final del escrito. Una forma muy sencilla es la de citar al autor junto con su idea. Por ejemplo: Ortega y Gasset dijo del ensayo que éste era la ciencia menos la prueba explicita... En este caso no se usan comillas y la ventaja de esta cita es que no se interrumpe la lectura para buscar la explicación o el autor en otra parte.
Para terminar el ensayo es importante hacer un cierre, es decir terminar la comunicación concluyendo en relación a la propuesta u objetivo planteado en la ubicación.
La Postescritura. En el momento de la escritura muchas veces procedemos con emoción, al calor de la inspiración. Se recomienda dejar “enfriar” el escrito, esperar que pase el efecto emotivo para volver al texto con una mirada más fría. Tomar distancia para poder evaluar la consistencia de la escritura. Leerlo varias veces, tachar, desplazar y volver a leer. Entre más tiempo dediquemos a esta etapa mejores serán los resultados.
Un cronograma para distribuir el tiempo teniendo en cuenta las distintas etapas, el acompañamiento de buenos diccionarios y el consejo de escritores más experimentados ayudarán a que nuestros ensayos se conviertan en una experiencia académica provechosa para crecer en este arduo camino de la escritura.
Juan Medina R, agosto del 2000.
BIBLIOGRAFÍA
Serafini, María Teresa. “Cómo se escribe”
Paidos, 1994.
Ong, Walter. “Oralidad y escritura”
Fondo de Cultura Económica, 1987.
Weston, Anthony. “Las claves de la argumentación”
Editorial, Ariel, Barcelona, 1994.
Skirius, John. “Este centauro de los géneros” en “El Ensayo Hispanoamericano del siglo XX” Fondo de Cultura Económica, México, 1989.
Savater, Fernando. “El ensayista como rebelde y como doctrinario” en revista Quimera, números 103-104, noviembre 1991.
Adorno, Teodor. “El ensayo como forma” en Notas de Literatura, Editorial Ariel, Barcelona, 1962.
Vásquez Rodríguez, Fernando. “El ensayo: diez pistas para su composición” Copias sin pie de imprenta.
Continuamente los profesores universitarios se quejan por la mala redacción de los alumnos, tanto en la sintaxis como en la ortografía , por la metodología para exponer las ideas y diferenciar entre premisa y argumentación, por la dificultad de concluir y dar cierre a un escrito, por la falta de citas y la frecuente costumbre de tomar textos ajenos sin conceder el respectivo crédito. Estas preocupaciones aumentan cuando se trabaja en una facultad que exige formar profesionales con altas capacidades para crear textos y productos comunicativos, generalmente soportados en un escrito.
Adicionalmente, la escritura se constituye en el medio ideal para verificar nuestros procesos académicos e intelectuales. La escritura, dice Walter Ong, reestructura el pensamiento, ya que nos permite distanciarnos de él. En la vida diaria hablamos de variados temas con irresponsabilidad: asumimos posiciones ligeras, calificamos y concluimos con premura sin suficiente conocimiento de las situaciones. Predomina el a priori que el a posteriori. En cambio, cuando escribimos, materializamos nuestro pensamiento prolongando las palabras registradas en el papel. Podemos con detenimiento observar el orden de nuestra exposición, los temas reiterativos, el enfoque, la seriedad y sustento de nuestras afirmaciones.
LA METODOLOGÍA
Decía un viejo maestro de humanidades que la mejor metodología era la claridad en los objetivos. En la evaluación de los escritos actuales suele concederse mayor importancia a los aspectos de forma que a los de fondo: Las numeraciones, las distancias de los márgenes, las portadas. Es más fácil medir esas normas que valorar la pertinencia de un contenido. Me atrevo a comparar muchas de las metodologías existentes con los enredados procesos burocráticos que debemos afrontar al tramitar algún documento. Qué tan oportunos son los procedimientos? Son necesarios tantos requisitos cuando se dice del ensayo que es el más libre de los géneros ? No es justo exigir a los alumnos trabajos sin antes sugerir una metodología clara para su elaboración. Razón tienen los estudiantes cuando se quejan por la ambigüedad en la evaluación. ya que no se les presentan modelos de escritura ni técnicas para iniciarse en ella. Los profesores, en la mayoría de los casos, tampoco escriben y por lo tanto no son modelos para sus alumnos.
El ensayo es una de las formas más frecuentes de evaluación en la universidad, pero suele ser el más arbitrario de los géneros en cuanto que, para cada profesor. los parámetros son distintos. Cada maestro suele decir: para mi el ensayo es... Cuando el alumno recibe el ensayo calificado (y no corregido) se pregunta ¿ en qué se basó el profesor para darme esta nota? La corrección exige anotaciones, señalamientos, recomendaciones. Cuando existe un modelo de ensayo donde están definidos sus aspectos básicos el alumno tiene la oportunidad de construir a partir de una referencia especifica. De lo contrario el alumno va a gastar mucho tiempo tratando de adivinar el estilo que le gusta al profesor, quien coloca una nota de acuerdo a un vago sentimiento de “me gusta o no me gusta” sin precisar por qué es correcto o incorrecto. En un mismo semestre el alumno tiene que acomodarse al parecer arbitrario de cada uno de los profesores en la elaboración de ensayos.
El ensayo combina el lenguaje académico y científico con la visión personal del problema, esa es su principal característica: se trata con seriedad y rigor el tema escogido pero, también se especula, se juega, se mira desde la subjetividad. Un ensayo demasiado académico se torna pesado y un ensayo que sólo contenga la visión personal se convierte en un escrito subjetivo y de poco valor académico. En cualquiera de los dos casos se convierte en otra clase de escrito. Es característica esencial del ensayo la presencia de los dos aspectos. Por eso el ensayista mexicano Alfonso Reyes, lo llamó el género centauro.
A los escritores experimentados no se les sugiere modelos, pero a un estudiante que quiere ejercitarse en el arte de ensayar le resulta muy útil apoyarse en un modelo. La escritura entendida como un campo de batalla permanente, como un ejercicio de la mente, como un espejo para auto evaluarnos constituye una oportunidad para aprovechar la academia.
UN MODELO PARA COMENZAR
Los ensayos universitarios de pregrado suelen ser escritos de dos o tres cuartillas. Sin embargo la exigencia es variable dependiendo del semestre, de la materia y del tipo de evaluación, ya que en ocasiones el parcial o incluso el examen final es un ensayo. Aunque el siguiente modelo esta pensado para los tradicionales ensayos cortos puede servir para la construcción de trabajos más extensos. Se pueden diferenciar tres momentos en la elaboración del ensayo: la preescritura, la escritura y la postescritura.
La Preescritura. En esta etapa nos documentamos de manera suficiente sobre el tema a desarrollar. Se contemplan las fuentes bibliográficas y las entrevistas. Trazar un plan con unos objetivo y los tópicos ha desarrollar suele ser recomendable. De las lecturas y las entrevistas hacemos una lista de ideas que podemos complementar con nuestras propias ideas (no hay que olvidar la combinación de lo personal con las ideas de los expertos) una vez tenemos la lista de ideas podemos elaborar un mapa donde se jerarquizan y agrupan los bloques de ideas para crear una estructura. Estos grupos forman, en la etapa de la escritura, los párrafos.
La Escritura. Para comenzar se elabora un párrafo de ubicación si el ensayo es muy corto, o más si se trata de un ensayo extenso. Aquí, usando un lenguaje claro y directo se expone el tema que vamos a tratar, desde qué punto de vista y para qué. Responderemos a los interrogantes básicos para ubicar al lector. Este párrafo es la base de la construcción del escrito y dependiendo de su solidez se facilitara o no el desarrollo del texto. En los párrafos siguientes se desarrollaran otros bloques de ideas que tenemos en el mapa. Es importante que toda afirmación sea respaldada, ya sea con argumentos, con ejemplos o con citas.
Las Citas. Las ideas tomadas de otro autor deben ser citadas. Podemos también, citar a nuestros amigos, a nuestros profesores explicando, eso sí, su relación con el tema. Dos formas muy utilizadas son las que usan comillas y numeran al terminar la cita, para ubicarla como pie de página o al final del escrito. Una forma muy sencilla es la de citar al autor junto con su idea. Por ejemplo: Ortega y Gasset dijo del ensayo que éste era la ciencia menos la prueba explicita... En este caso no se usan comillas y la ventaja de esta cita es que no se interrumpe la lectura para buscar la explicación o el autor en otra parte.
Para terminar el ensayo es importante hacer un cierre, es decir terminar la comunicación concluyendo en relación a la propuesta u objetivo planteado en la ubicación.
La Postescritura. En el momento de la escritura muchas veces procedemos con emoción, al calor de la inspiración. Se recomienda dejar “enfriar” el escrito, esperar que pase el efecto emotivo para volver al texto con una mirada más fría. Tomar distancia para poder evaluar la consistencia de la escritura. Leerlo varias veces, tachar, desplazar y volver a leer. Entre más tiempo dediquemos a esta etapa mejores serán los resultados.
Un cronograma para distribuir el tiempo teniendo en cuenta las distintas etapas, el acompañamiento de buenos diccionarios y el consejo de escritores más experimentados ayudarán a que nuestros ensayos se conviertan en una experiencia académica provechosa para crecer en este arduo camino de la escritura.
Juan Medina R, agosto del 2000.
BIBLIOGRAFÍA
Serafini, María Teresa. “Cómo se escribe”
Paidos, 1994.
Ong, Walter. “Oralidad y escritura”
Fondo de Cultura Económica, 1987.
Weston, Anthony. “Las claves de la argumentación”
Editorial, Ariel, Barcelona, 1994.
Skirius, John. “Este centauro de los géneros” en “El Ensayo Hispanoamericano del siglo XX” Fondo de Cultura Económica, México, 1989.
Savater, Fernando. “El ensayista como rebelde y como doctrinario” en revista Quimera, números 103-104, noviembre 1991.
Adorno, Teodor. “El ensayo como forma” en Notas de Literatura, Editorial Ariel, Barcelona, 1962.
Vásquez Rodríguez, Fernando. “El ensayo: diez pistas para su composición” Copias sin pie de imprenta.

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