jueves, 29 de septiembre de 2011

Novecentismo, Generación del 14


http://www.youtube.com/watch?v=3jzJxaJJRKo

NOVECENTISMO Y VANGUARDIAS

El mundo después de la Primera Guerra Mundial


La Primera Guerra Mundial (1914-1918) supuso un enorme sacrificio humano (murieron ocho millones y medio de personas) y dejó extenuados a los países contendientes. Tras la guerra, Europa se hundió en la depresión económica, lo que propició en los años veinte la aparición del fascismo italiano y de otros regímenes autoritarios por el viejo continente. Poco antes, en 1917, un acontecimiento había conmovido al mundo: la revolución comunista de Rusia. En el resto de los países europeos, los bajos salarios y el gran número de parados favorecieron el desarrollo de los sindicatos y partidos obreros, que exigían a los gobiernos reformas sociales.
Durante la Primera Guerra Mundial, España se mantuvo neutral. Como consecuencia de ello, se produjo un auge de las exportaciones y se obtuvieron importantes beneficios empresariales. Sin embargo, la mayoría de la población se empobreció, ya que el fuerte incremento de los precios no fue compensado con subidas de salarios. Todo ello desembocó en la huelga general de 1917, que fue reprimida por el Ejército. El fin de la guerra trajo consigo la recesión económica; el paro y los bajos salarios acentuaron el malestar. A la tensión social se sumó la guerra de Marruecos, donde el Ejército español sufrió importantísimas derrotas. La Monarquía y el Ejército intentaron buscar una salida a la crisis política con el golpe de estado de Primo de Rivera en 1923 y la dictadura militar. Pero los problemas no se solucionaron y, tras unas elecciones, el 14 de abril de 1931 se proclamó la República.


El Novecentismo

Se denomina Novecentismo al movimiento cultural de la segunda década española del siglo XX, que, tomando el nombre del nuevo siglo, se opone al arte del ochocientos. En la literatura se tienen por decimonónicos no solo el Romanticismo y el Realismo, sino también el Modernismo y la Generación de 1898. La fecha de 1914, comienzo de la Primera Guerra Mundial, se ha considerado como el final político y social del siglo XIX; por eso, al Novecentismo se le ha denominado también Generación de 1914.

Los escritores novecentistas son prestigiosos profesionales (filósofos, científicos, filólogos, juristas...) con una sólida formación universitaria; muchos de ellos han estudiado en el extranjero. Estos orígenes intelectuales explican muchas de sus características:
. Racionalismo: defienden el rigor intelectual, el análisis frío y objetivo de las circunstancias y la claridad expositiva.
. Antirromanticimo: rechazan lo sentimental y lo pasional; prefieren las actitudes equilibradas y serenas y la expresión intelectualizada de las emociones.
. Defensa del arte puro: el arte tiene que limitarse a proporcionar placer estético y no debe ser vehículo de preocupaciones religiosas o políticas ni de emociones personales. El arte no se concibe ya como expresión de la vida, sino como algo autónomo de la vida. El arte se convierte a veces en un mero juego intelectual que raya en la frivolidad.
. Aristocratismo intelectual: los textos de estos autores se dirigen a entendidos. Por ello, la literatura se escribe para minorías selectas.
. Estilo cuidado: el ideal de la obra bien hecha lleva a cuidar en detalle la estructura de las obras y a emplear un estilo pulcro y depurado.

.
Las vanguardias europeas y su desarrollo en España

En Europa se desarrollan durante el primer tercio del siglo XX las vanguardias, esto es, un conjunto de corrientes artísticas que se enfrentan a la cultura anterior y proponen romper con el arte del siglo XIX. Es común a todas ellas la voluntad de experimentación (pretenden desarrollar un arte nuevo) y su hostilidad hacia la tradición (para ellas, el pasado artístico no tiene ningún valor). Reaccionan contra la sensibilidad romántica y manifiestan un marcado antisentimentalismo. Los vanguardistas son provocadores: desprecian al gran público y a la burguesía, a la que escandalizan con sus actitudes insolentes.
Los ecos de las diversas vanguardias llegan pronto a España, aunque aquí no surge un movimiento vanguardista organizado hasta el final de la Primera Guerra Mundial.
En literatura, los movimientos vanguardistas más relevantes son el Expresionismo, el Futurismo, el Cubismo, el Dadaísmo, el Creacionismo, el Ultraísmo y el Surrealismo.




Vanguardias en España:



Creacionismo
. Uno de sus iniciadores en París es el poeta chileno Vicente Huidobro, quien durante su estancia en España en 1918 difunde aquí los principios estéticos del movimiento.
. Defiende que el poeta no debe imitar la Naturaleza, sino que ha de crear él mismo nuevas realidades: “Hacer un poema como la Naturaleza hace un árbol”. Para ello, se prescinde de lo anecdótico y descriptivo, con el propósito de que el poema provoque una emoción por el valor de la creación misma. El recurso fundamental es la creación por parte del poeta de una relación arbitraria, ilógica, que rompa con lo esperable, entre dos realidades.
. Influye decisivamente en dos poetas españoles: Juan Larrea y Gerardo Diego, y está en el origen de un movimiento vanguardista hispano: el Ultraísmo.

Ultraísmo
. Es un ismo hispano. Su primer manifiesto es de 1919. A mediados de la década de los veinte ya está extinguido.
. Tiene un carácter ecléctico: recoge ingredientes de las otras vanguardias.
. Como el Creacionismo, concibe la poesía como la creación de una nueva realidad, independiente del mundo existente. El poeta exhibe los objetos desde perspectivas no acostumbradas y establece relaciones insólitas entre ellos.
. Como el Futurismo, prefiere los objetos materialmente duros, sin implicación sentimental: las locomotoras, las máquinas, el asfalto...
. Considera que el poeta no tiene ninguna función ética ni ninguna responsabilidad social; el arte es un juego intranscendente. Esta concepción lúdica del arte se advierte no sólo en el gusto por la ocurrencia y el humor, sino también en la afición por los juegos tipográficos y la supresión de la puntuación y las mayúsculas, que dan a veces al poema un aire de rompecabezas.
. Otras recursos son el rechazo de los metros tradicionales y su sustitución por el verso libre, la supresión del adjetivo, el empleo de neologismos, el abuso de las palabras esdrújulas, la propensión al fragmentarismo (típica del Cubismo)... Pero el procedimiento expresivo fundamental es la metáfora: frente a la metáfora tradicional, que establecía una relación lógica entre dos realidades, esta elimina ese nexo lógico, con lo que sólo puede captarse su sentido por medio de la intuición y no de la razón.
. Figuras ultraístas importantes fueron Jorge Luis Borges y Guillermo de Torre.

Surrealismo
. Surge de los rescoldos del Dadaísmo. El primer manifiesto se publica en 1924. Los valedores iniciales del movimiento son Breton, Eluard, Aragon y Artaud. Aunque este grupo se disuelve en los años treinta, el Surrealismo no muere; se extiende por todo el mundo.
. No se presenta sólo como un movimiento de renovación estética, sino que pretende ser una revolución integral. Propugna una liberación total del hombre:
. liberación de la esclavitud que le impone la sociedad burguesa (Marx)
. liberación de los impulsos reprimidos en el subconsciente por una razón sumisa a las convenciones morales y sociales (Freud).
. Para los surrealistas, lo que llamamos vida es sólo la cara más gris de la realidad; hay que conquistar una verdadera vida, acceder a una realidad más alta (super-realidad), que está amordazada en el fondo de nuestras conciencias. La poesía es un instrumento idóneo para iluminar la vida auténtica, pero se deberá crear al dictado de un pensamiento libre de la vigilancia ejercida por la razón. Existen diversas técnicas para ello: practicar la escritura automática, realizada sin reflexión, ensamblar al azar palabras, transcribir los sueños, provocar alucinaciones mediante las drogas para transcribir después experiencias extrarracionales...
. Como consecuencia de todo lo anterior, se produce una liberación del lenguaje con respecto a los límites de la expresión lógica. Así, en un poema surrealista se entremezclan objetos, sentimientos o conceptos que la razón mantiene separados; aparecen asociaciones inesperadas de palabras, metáforas insólitas, imágenes oníricas, etc. Sin embargo, no se trata de un lenguaje gratuito: en la medida en que se hace aflorar todo un poso de pasiones subconscientes, ese lenguaje acarrea una inmensa carga humana. Claro está que ese lenguaje no se dirige a nuestra razón sino que quiere despertar en nosotros reacciones también inconscientes, modificar nuestros estados de ánimo.
. El Surrealismo tuvo una fuerte repercusión en España ( por ejemplo, casi todos los poetas del 27 acusaron en algún momento su influjo). Es muy importante tener presente que su irrupción significa la crisis del ideal de pureza y deshumanización que había dominado la poesía española durante años; su irrupción significa la vuelta de lo humano e incluso de lo social y lo político a la literatura.

Los principales autores de la época

Prosa

El carácter intelectual de los escritores novecentistas y la abundancia entre ellos de filósofos, historiadores, profesores, etc., hacen que el género del ensayo tenga un gran desarrollo. Entre los ensayistas de la Generación del 14 destacan Manuel Azaña, Eugenio d’Ors y, sobre todo, Ortega y Gasset.

. José Ortega y Gasset (1883-1956) fue autor de numerosos ensayos: Meditaciones del Quijote, España invertebrada, La deshumanización del arte, Ideas sobre la novela, La rebelión de las masas, etc. En ellos aborda los temas más diversos: filosofía, política, sociología, historia... Sus ideas influyeron considerablemente en la literatura española de su tiempo.
En La deshumanización del arte (1925) analiza el arte de vanguardia. Sintetiza así sus principales rasgos: es un arte puro, alejado de la psicología, de la sociología, de la vida y de las experiencias personales (y es que el arte no debe ser valorado por lo que tenga de humano o real, sino por sus calidades formales); es, por tanto, un arte que tiende a la “deshumanización” (que elimina las emociones humanas en beneficio de la pura emoción estética); y es un arte intelectual, ya que no se basa en el contagio emocional.

Los novelistas de la Generación del 14 muestran en sus obras el espíritu renovador propio de la época: es el caso de la novela lírica de Miró, de la novela intelectual de Pérez de Ayala y de la novela vanguardista de Gómez de la Serna.

. Gabriel Miró (1879-1930) es autor de novelas como Nuestro Padre San Daniel o El obispo leproso y de libros de relatos breves como El libro de Sigüenza o Años y leguas. Se caracteriza por una prosa elaboradísima en la que lo importante son las prolijas descripciones de sensaciones y ambientes a las que sirve de marco una acción mínima.

. Ramón Pérez de Ayala (1880-1962) comienza con novelas próximas al realismo galdosiano, pero sigue luego el camino de la novela intelectual (por ejemplo, Belarmino y Apolonio). Se trata de novelas en las que la acción es muy leve: sirve de pretexto para que los personajes encarnen ideas y actitudes vitales o para ensartar disquisiciones sobre filosofía, psicología, política, moral, estética... Son, por tanto, novelas próximas al ensayo.

. Ramón Gómez de la Serna (1888-1963) es el prototipo de escritor vanguardista español. Escribió ensayos, biografías, teatro, narraciones cortas, novelas, etc., pero lo más característico de su producción son las greguerías.
Las greguerías son imágenes lírico-humorísticas que, de modo ingenioso, establecen relaciones insólitas y faltas de lógica entre dos objetos o conceptos. Gómez de la Serna las define como “metáfora + humor”, pero los procedimientos con los que las construye son muy variados: falsas etimologías, paronomasias, retruécanos, parodias de frases hechas, asociaciones visuales de imágenes, antítesis, paradojas, dilogías... Hay que relacionarlas con la libertad imaginativa de las vanguardias, que buscan relaciones insospechadas entre los objetos. Además, al introducir un humor jovial, cumplen con el propósito novecentista y vanguardista de eliminar el patetismo romántico.
Por otro lado, sus novelas también muestran rasgos típicos de las vanguardias: la levedad de la acción, la revalorización de los objetos triviales, el gusto por lo fragmentario que caracteriza al Cubismo, etc. Destaca entre ellas El incongruente, sobre un hombre que nunca encuentra un jueves.

Poesía

El esfuerzo de renovación más importante en la lírica española de su tiempo es el que lleva a cabo desde esta época y durante mucho tiempo Juan Ramón Jiménez.

Juan Ramón Jiménez (1881-1958) clasificó su obra del siguiente modo: poesía en verso, prosa lírica y prosa crítica.
El propio autor distinguía en su obra poética tres etapas: época sensitiva, época intelectual y época suficiente o verdadera.
. La primera etapa o época sensitiva llega hasta 1915. Sus primeros libros, influidos por Bécquer y por los simbolistas franceses, muestran un tono decadente y neorromántico. Ya en la órbita del Modernismo intimista se encuentran Arias tristes y Jardines lejanos: atmósfera quejumbrosa y doliente, sentimientos de soledad y melancolía, inevitabilidad del paso del tiempo, presencia de la muerte, recuerdos, jardines, flores, fuentes, paisajes otoñales, crepúsculos, importancia de los musical, léxico decadente, etc. En algunos de sus libros posteriores (por ejemplo, La soledad sonora), se acentúa la ornamentación modernista. Sin embargo, Juan Ramón se aparta después de la estética modernista, anunciando ya su etapa posterior.
. La época intelectual se inicia con Diario de un poeta recién casado (1917), libro importantísimo que rompe definitivamente con el Modernismo para buscar una poesía pura o desnuda que persigue la expresión de lo inefable casi a la manera de los antiguos místicos. Los libros siguientes (Eternidades, Piedra y cielo, Poesía, Belleza) continúan el proceso de intelectualización y abstracción. Los poemas suelen ser ahora breves y densos. La estación total, publicada en 1946, recoge poemas escritos entre 1926 y 1936. El carácter metafísico de estos textos es evidente: el poeta pretende escapar de la muerte alcanzando un estado de conciencia que se asocia a plenitud, desnudez, armonía, eternidad o inmensidad.
. La última etapa de la poesía de Juan Ramón (época suficiente o verdadera) es la de sus años de exilio. En realidad, ya La estación total puede considerarse dentro de esta etapa. De hecho, el resto de las obras de este periodo (En el otro costado, Dios deseado y deseante) no hacen más que acentuar la naturaleza metafísica de La estación total.

El más conocido de los escritos en prosa de Juan Ramón Jiménez es Platero y yo (1914). En él, con un estilo en el que abundan los rasgos modernistas, muestra su anhelo de armonía con la Naturaleza. Son características de la obra la delicada ironía, el sentimiento cordial, el ansia de belleza, la presencia del campo y la actitud afable. Pero el orden y la armonía cósmicas se ven amenazados de continuo por la violencia, el odio, la injusticia, el dolor y la muerte. Platero y yo no es, por tanto, ni una obra didáctica ni un libro para escolares.



JUAN RAMÓN JIMÉNEZ













martes, 6 de septiembre de 2011

SIGLO XIX







Décadas:
Años 1800 Años 1810 Años 1820 Años 1830 Años 1840
Años 1850 Años 1860 Años 1870 Años 1880 Años 1890

Tabla anual siglo XIX

Según el vigente calendario gregoriano el siglo XIX comprende los años situados entre 1801 y 1900. No obstante, es frecuente la concepción de que el siglo XIX comenzó en 1800 y finalizó en el año 1899. De la trilogía de ensayos históricos de Eric Hobsbawm (citados en la bibliografía) se desprende una definición más, de carácter histórico, en la que enmarca al período entre 1789, año de la revolución francesa, y 1914, año de la primera guerra mundial, como el «siglo XIX largo». La historiografía considera al siglo como el comienzo definitivo de la Edad Contemporánea. El adjetivo para referirse a las cosas de este siglo o relacionadas con él es decimonónico pero su uso es, habitualmente, en forma despectiva para referirse a lo caduco.
La característica fundamental son sus fuertes cambios. Cambios anunciados y gestados en el pasado pero que se efectuarían, de hecho, en el siglo. Cambios en todos los ámbitos de la vida y el conocimiento. Revoluciones de todas las índoles tendrían su lugar. La ciencia y la economía se retroalimentarían, el término "científico", acuñado en 1833 por William Whewell,1 2 sería parte fundamental del lenguaje de la época; la economía sufriría dos fuertes revoluciones industriales, la primera acaecida entre 1750 y 1840, y la segunda entre 1880 y 1914. En política, las nuevas ideas del anterior siglo sentarían las bases para las revoluciones burguesas, revoluciones que se explayarían por el mundo mediante el imperialismo y buscaría alianza con el movimiento obrero al que, para evitar su triunfo, le cederían el sufragio universal; en filosofía, surgirían los principios de la mayor parte de las corrientes de pensamiento contemporáneas, corrientes como el idealismo absoluto, el materialismo dialéctico, el nihilismo y el nacionalismo; el arte demoraría en iniciar el proceso de vanguardización pero quedaría cimentado en movimientos como el impresionismo.
El desarrollo de la medicina se relaciona directamente con los fenómenos migratorios, los hacinamientos en las ciudades y las precarias condiciones de vida de la clase trabajadora propios de la Revolución Industrial. Su consecuencia fue la proliferación de enfermedades infecciosas (sífilis, tuberculosis) o relacionadas con la mala alimentación (pelagra, raquitismo, escorbuto). Dichas problemáticas son cruciales para entender el origen de la medicina social de Rudolf Virchow y el sistema de salud pública de Edwin Chadwick que darían lugar a la actual medicina preventiva. La misma Revolución Industrial, con el agregado de las numerosas guerras y revoluciones, generarían un desarrollo científico generalizado que contribuiría en la instauración de condiciones técnicas para el triunfo de la asepsia, de la anestesia y la cirugía.
Las Revoluciones Burguesas, promotoras de ciudadanos librepensadores, construyen una nueva medicina científica y empírica, desligada de lo místico y artesanal. Se culmina con la opresión de los viejos cánones éticos del absolutismo y el catolicismo instaurando nuevos cánones, nuevos calendarios. El siglo XIX verá nacer la medicina experimental de Claude Bernard, la teoría de "Omnia cellula a cellula" de Rudolf Virchow, la teoría microbiana, la teoría de la evolución de las especies de Charles Darwin, y la genética de Gregor Mendel.
El siglo se caracteriza por romper definitivamente con la fusión que la Historia había tenido con la literatura. Leopold von Ranke se compromete con una historia crítica y escéptica. Se deja influir por las corrientes filosóficas predominantes del momento, tales como el liberalismo y el nacionalismo llegando a caer incluso en el etnocentrismo, racismo y particularmente en el eurocentrismo. Las reflexiones sobre la sociedad de Saint-Simonianas producen dos tendencias que modificarían las tendencias historiográficas: El Positivismo y el Materialismo histórico, también influido por la dialéctica hegeliana. Ambas entienden que el comportamiento de la historia se encuentra sometido a leyes. La primera concibe el desarrollo de la historia como procesos ordenados, la segunda lo concibe como resultado de los conflictos entre los estratos sociales.
Entre revolución e imperialismo: Política
En Europa el siglo XIX se caracterizó por el nacimiento de las democracias censitarias y el ocaso de las monarquías absolutas. La revolución Francesa y la posterior era napoleónica ayudarían a expandir las ideas republicanas y liberales. Los monarcas, en el caso de sobrevivir, se convertirían en déspotas ilustrados que actuaban permisivamente con la clase dominante. Surgiría la idea de izquierda y derecha a partir de la revolución francesa. Los políticos se identificarían en Jean Paul Marat y Maximilien Robespierre, o en el Conde de Mirabeau y el Marqués de La Fayette. El transitorio ocaso de las revoluciones en pro de la restauración de las monarquías solo provocaría potenciarlas en oleadas revolucionarias más radicales como la de 1848, hasta el desarrollo de las ideologías sociales y el movimiento obrero, que culminaría en el triunfo de la revolución rusa en el posterior siglo.
Véase también: Historia de Europa El siglo XIX
La Emancipación de América Latina dio comienzo en este siglo. Los levantamientos indígenas en nombre de Túpac Amaru y la comuneros de asunción serían antecedentes de una identidad naciente. Identidad que nacería y sería defendida por los grandes próceres latinoamericanos, promotores de la idea de una nación latinoamericana: Francisco de Miranda,José Miguel Carrera, Bernardo O’Higgins, Antonio José de Sucre, Simón Bolívar, José de San Martín, Mariano Moreno, Manuel Belgrano y José Artigas. Su revolución, constituida en el marco de las revoluciones burguesas, sería estrictamente latinoamericana. Sus revoluciones fracasarían en buena medida a causa de caudillismos, intereses de las burguesías locales y coimas de las potencias europeas, pero cada uno de ellos sería convertido, a menudo por quienes los traicionaron, en una leyenda. Las fronteras americanas variaron notablemente en todo el siglo y los gobiernos tomarían una estructura bipartidista en donde pululaban los golpes de estado y los fraudes electorales.
Véase también: Guerras de Independencia Hispanoamericana e Independencia de la América Hispana
África sería objeto de abierto uso y abuso por parte los imperios Europeos. Cecil Rhodes sería una figura fundamental en el desarrollo del imperialismo británico. También surgiría lentamente el Imperialismo Norteamericano a partir de una aparente inocente doctrina Monroe. Dicho siglo anunciaría la decadencia Imperio Otomano que acaecería con la primera guerra mundial. La guerra del Opio humillaría al histórico Imperio Chino en sus tratados desiguales y culminaría con la caída de la Dinastía Qing en 1911.
Hacia la vanguardia: el arte
Artículo principal: Historia del Arte del siglo XIX
El historicismo marca a la nueva arquitectura, que se deja influir por la añoranza al pasado, que encuentra su originalidad en el estudio del pasado origen. Concentraba todos sus esfuerzos en recuperar la arquitectura de tiempos pasados. Al neoclasicismo del pasado siglo le continuó el neogótico, asociada a los ideales románticos nacionalistas. La arquitectura ecléctica, en hace evolucionar a la historicista, combinando variedad de estilos arquitectónicos en una nueva estructura.
El movimiento Arts & Crafts contempló la idea de aprovechar el desarrollo industrial y tecnológico, viendo en el artesano una figura destacable. Con la disolución de sus ideales y la dispersión de sus defensores, las ideas del movimiento evolucionaron, en el contexto francés, hacia la estética del Art nouveau, considerado el último estilo del siglo XIX y el primero del siglo XX.
El romanticismo del siglo XIX fue la antítesis del neoclasicismo. La moderación, el racionalismo, la pública inmoralidad serán tajantemente reemplazados por el exceso, el sentimentalismo, la búsqueda de crear una moralidad cada vez más inalcanzable. Los ideales cimentados por Rousseau, el precursor ideológico del romanticismo, culminarán en la Revolución Francesa, que sería el punto de partida para la creación de una nueva época. La revolución será constantemente evocada a lo largo del siglo, junto con ideales como la libertad, la independencia y el nacionalismo, en ese entonces perteneciente a la izquierda política. Los pilares son el individualismo burgués, que quedaría plasmado en el subjetivismo literario; la evasión de la realidad, en pro de la creación de una nueva sociedad mejorada; la exaltación de la naturaleza, en la cual suponían que el Hombre estuvo exento de dramas y dificultades.
Hacia el postromanticismo se gestaría la idea de que la belleza del arte se encuentra en el arte mismo: El arte por el arte. Varias corrientes se consideran postrománticas: El parnasianismo, se caracterizaría por su ruptura con el subjetivismo y con el exceso de sentimentalismo; el simbolismo según definió el propio Jean Moréas es "Enemigo de la enseñanza, la declamación, la falsa sensibilidad, la descripción objetiva", se encuentra impregnada de intenciones metafísicas, misterio y misticismo; el decadentismo surge por el acto de potenciar a Baudelaire, que buscaba la belleza en lo repugnante, busca revelarse contra la falsa moralidad burguesa.
Otra alternativa al romanticismo fue el realismo, inspirado en los efectos sociales del nuevo capitalismo. Es habitual el uso de la sátira, la denuncia, las temáticas de enfermedad, suciedad, locura, pobreza, vicios y prostitución. El realismo se potenciaría en el naturalismo, más influenciado por el materialismo, el positivismo o el determinismo.
La Pintura del Siglo XIX no estuvo exonerada del quiebre histórico con su historia. Tampoco lo estuvo de la multitud de corrientes de filosofía del arte. También se dejó influenciar por el fenómeno político francés, la ruptura con el tradicional artista que muestra lo que la monarquía y su aristocracia pretende. El mundo no está en orden, y eso pretende mostrar el nuevo arte, al mismo tiempo que propone un nuevo orden: El Romanticismo. Allí donde el neoclasicismo propone una belleza ideal, el racionalismo, la virtud, la línea, el culto a la Antigüedad clásica y al Mediterráneo, el romanticismo se opone y promueve el corazón, la pasión, lo irracional, lo imaginario, el desorden, la exaltación, el color, la pincelada y el culto a la Edad Media y a las mitologías de Europa del norte.
Hacia mediados de siglo hay una vuelta, en cierta forma, al racionalismo como fuente de inspiración. El notorio desarrollo industrial provocado por la Revolución Industrial, sus "efectos secundarios" y la frustración con los estímulos revolucionarios de 1848 llevan al artista a olvidarse del tema político y a centrarse en el tema social. El manifiesto realista comprende que la única fuente de inspiración en el arte es la realidad, no existe ningún tipo de belleza preconcebida más allá de la que suministra la realidad, y el artista lo que debe hacer es reproducir esta realidad sin embellecerla.
Los pintores paisajistas ingleses del romanticismo afianzarían las bases sobre las que más adelante trabajarían los impresionistas. De Turner los impresionistas tomarían su gusto por la fugacidad, sus superficies borrosas y vaporosas, el difuminado y la mezcla de colores intensos; pero desecharían el componente sublime, propio de la pintura romántica.
Hacia finales de siglo y comienzo del siglo XX se podía ver una gran variedad de vanguardias. El punto máximo del individualismo implicaba que cada artista debía promover su propia vanguardia, que afirmaba, de carácter universal y verdadero. El postimpresionismo, el puntillismo, el simbolismo pictórico, el expresionismo, el cubismo, el fauvismo, el surrealismo, el futurismo darían cuenta de una sociedad que vive en la revolución por la revolución, la vanguardia por la vanguardia, la universalidad por la universalidad. Una sociedad donde el los plazos son cada vez más pequeños, el ritmo cada vez más rápido.
Aunque rompió con la moderación armónica, el Romanticismo no necesariamente funcionó como antítesis del clasicismo. Beethoven (1770-1827), que significó un nexo entre ambos estilos, desarrolló principios heredados de Haydn en término de contraste, al mismo tiempo que extendió temporalmente la forma sonata. Se retomó la tonalidad cromática ampliándola y llegando al extremo, en el Postromanticismo, de suspenderla o creando tonalidad errante generalizada. También fue ampliado el tamaño de la orquesta llegando a extremos utópicos como el de Berlioz. En este siglo se gestaría el culto al pasado, particularmente a Bach y el barroco, por lo que se daría inicio a la interpretación como nueva rama. Hacia mediados de siglo también sería importante el papel del nacionalismo como búsqueda estética.
Hacia fin de siglo se gestaría el Impresionismo, que buscaría su expresión en la ruptura con la tonalidad, buscando en la modalidad como forma búsqueda arcaizante. También se inspiraría en músicas "exóticas", particularmente en la música de gamelán. Rompería con el contraste en favor de la homogeneidad incluso hasta llegar al concepto de música funcional, como es el caso de la pieza experimental de Erik Satie "Musique d'ameublement".
Mientras que el modalismo y escalismo del Impresionismo influenciarían más tarde a los compositores modernistas, el interés por la música con mínimos contrastes influenciaría al Minimalismo. El cromatismo postromántico, por el contrario, ejercería más influencia en el Expresionismo, que desarrollaría el atonalismo Libre y posteriormente el Dodecafonismo.
Acontecimientos
Manchester, Inglaterra ("Cottonopolis"), 1840, mostrando las chimeneas de las fábricas
Ciencia y Tecnología [editar]
• La Primera Revolución industrial hace cambios profundos en la economía y la tecnología.
Inventos
• Locomotora: Richard Trevithick, 1804.
• Fonógrafo: Thomas Alva Edison, 1878.
• Lámpara incandescente: Heinrich Göbel, 1854.
• Fotófono: Alexander Graham Bell y Charles Sumner Tainter, 1880, permitía la transmisión de sonido por medio de una emisión de luz.
• Cinematógrafo: Hermanos Lumière, 1894, proyector cinematográfico.
• Vitascopio Thomas Alva Edison ,1896.
• Gramófono: Emile Berliner, 1888.
• Fotografía: Nicéphore Niepce, 1816.
• Teléfono: Antonio Meucci, 1854.
• Anestesia: William Morton, 1846.
• Dirigible: Solomon Andrews, 1863.
• Avión: Clément Ader, 1890.
• Termómetro Clínico: Sir Thomas Clifford Allbutt, 1866, los termómetros anteriores tardaban una o más horas en establecer la temperatura.
• Se inventa el sensor de temperatura de resistencia de platino.
• Lente de Fresnel: Augustin Fresnel
• Pastilla de jabón: William Hesketh Lever, 1884.
Teorías
• Teoría de números: Carl Friedrich Gauss, 1801
• Teoría de la Evolución: Charles Darwin, 1859.
• Teoría microbiana: John Snow, Luis Pasteur, Robert Koch y Joseph Lister.
• Teoría atómica : John Dalton
Descubrimientos
• Efecto Edison: Thomas Alva Edison, 1883, paso de electricidad desde un filamento a una placa metálica dentro de un globo de lámpara incandescente.
• Efecto Seebeck (Thomas Seebeck, 1821), Efecto Peltier (Jean Peltier, 1834), Efecto Thomson (William Thomson, 1851), Efecto Joule (James Prescott Joule, década de 1860), propiedades termoeléctricas.
• Carburo de calcio: Friedrich Wöhler
• Acetileno: Friedrich Wöhler
• Vanadio: Andrés Manuel del Río, México, 1801, lo llamó Eritonio.
• Primera Enzima (lipasa pancreática): Claude Bernard, 1848
• Síndrome de Rokitansky
Guerras y revoluciones
Categoría principal: Conflictos bélicos del siglo XIX
• Guerras Napoleónicas (1792-1815)
• Intervención Norteamericana en México (1847-1848)
• Guerra de Crimea (1854-1856)
• Guerra del Pacífico (1879–1884)
• Guerra Hispano-Estadounidense (1898)
• Guerra Grande (1838-1851)
• Guerras del opio (1839-1842), (1856-1860)
• Guerra de Secesión (1861-1865)
• Guerra de los Ducados (1864)
• Guerra de la Triple Alianza (1865-1870)
• Guerra de las Siete Semanas (1866)
• Guerra Franco-prusiana (1870)
• Primera guerra de la independencia italiana (1848)
• Segunda guerra de la independencia italiana (1859-61)
• Tercera guerra de la independencia italiana (1866)
• Guerra de independencia de Grecia (1821-1831)
• Comuna de París (1871)
• Guerras de Independencia Hispanoamericana
• Revolución de Mayo
• Revolución Húngara de 1848
• Revoluciones de 1848
• Revolución de 1868
• Revolución de 1830
• Revolución liberal de Oporto
• Disolución del Shogunato Tokugawa

• Política
La libertad Guiando al pueblo, Eugène Delacroix, 1830
• Nacimiento, ocaso y renacimiento de revoluciones liberales y burguesas
• Desarrollo de los nacionalismos
• Anexión de la comarca de Requena-Utiel o Requena a la provincia de Valencia.
Desastres
• Terremoto de Santiago del Estero de 1817
• Terremoto de Trancas 1826
• Terremoto de Salta 1844
• Terremoto de Mendoza 1861
• Terremoto de Jujuy 1863
• Terremoto de Orán 1871
• Terremoto de Orán 1874
• Terremoto del Río de la Plata 1888
• Terremoto de Recreo 1892
• Terremoto de San Juan 1894
• Terremoto de Catamarca 1898
• Terremoto de Yacuiba 1899
• Terremoto de La Rioja 1899
• Terremoto de Arica de 1868
• Terremoto en Venezuela de 1812
• Terremotos en Venezuela de 1823, 1834, 1837, y 1849
• Terremotos en Venezuela de 1853, 1874, 1875, 1878, 1879 y 1888
• Gran hambruna irlandesa
• Erupción del volcán indonesio "Tambora" en 1815 que produjo un año 1816 sin verano.
• Erupción del volcán indonesio "Krakatoa" en 1883
• Erupción del volcán indonesio "Galunggung" en 1822
• Erupción del volcán ecuatoriano "Cotopaxi" en 1887
• Erupción del volcán "Monte Tarawera" en Nueva Zelanda en 1886
Cultura
• Beethoven compone su Sinfonía n° 3 en Mi bemol mayor Opus 55 entre 1804 y 1806.
• Rodin compone El Pensador en 1889.






Economía
• Fiebre del caucho en la región amazónica






Personas relevantes Científicos y humanistas del siglo XIX






Matemáticas Historia Filosofía
Artículo principal: Anexo:Matemáticos del siglo XIX
Artículo principal: Anexo:Historiadores del siglo XIX
Artículo principal: Anexo:Filósofos del siglo XIX

Categoría principal: Matemáticos del siglo XIX
Categoría principal: Historiadores del siglo XIX
Categoría principal: Filósofos del siglo XIX

• Carl Friedrich Gauss (1777–1855)
• Julius Wilhelm Richard Dedekind (1831-1916)
• Bernhard Riemann (1826-1866)
• Carl Gustav Jakob Jacobi (1804-1851)
• Peter Gustav Lejeune Dirichlet (1805-1859)
• Sophie Germain (1776–1831) • Fustel de Coulanges (1830-1889)
• Alexis de Tocqueville (1805-1859)
• Theodor Mommsen (1817–1903)
• François Pierre Guillaume Guizot (1787-1874)
• Jacques Nicolas Augustin Thierry (1795-1856)
• Jules Michelet (1798-1874)
• Leopold von Ranke (1795-1886)
• Jacob Burckhardt (1818–1897)
• Heinrich Schliemann (1822-1890)
• James George Frazer (1854–1941) • Arthur Schopenhauer (1788-1860)
• Friedrich Nietzsche (1844–1900)
• Karl Marx (1818-1883)
• G. W. F. Hegel (1770–1831)
• Sigmund Freud (1856-1939)
• Herbert Spencer (1820-1903)
• Auguste Comte (1798-1857)
• Mijaíl Bakunin (1814-1876)
• Piotr Alexéievich Kropotkin (1842-1921)
• Søren Kierkegaard (1813-1855)
• Jonh Stuart Mill (1806-1873)
• Émile Durkheim (1858-1917)
• Henri de Saint-Simon (1760-1828) Física Química Médicina
Anexo:Físicos del siglo XIX
Artículo principal: Anexo:Químicos del siglo XIX
Anexo:Médicos del siglo XIX

Categoría principal: Físicos del siglo XIX
Categoría principal: Químicos del siglo XIX
Categoría principal: Médicos del siglo XIX

• Wilhelm Eduard Weber (1804-1891)
• Heinrich Daniel Ruhmkorff (1803-1877)
• William John Macquorn Rankine (1820-1872)
• Johann Wilhelm Hittorf (1824-1914)
• William Thomson (1824-1907)
• Wilhelm Röntgen (1845-1923) • Friedrich Wöhler (1800-1882)
• Dimitri Mendeleyev (1834-1907)
• Andrés Manuel del Río (1764-1849)
• Nils Gabriel Sefström (1787-1845) • Luis Pasteur
• Joseph Lister
• Joseph Skoda
• Ignacio Felipe Semmelweis
• Rudolf Virchow
• Carl von Rokitansky
• Ferdinand Ritter von Hebra
• Theodor Schwann
• Santiago Ramón y Cajal
• Gregor Mendel

Artistas del siglo XIX
Literatura Música Pintura

: Escritores del siglo XIX
Categoría principal: Compositores del siglo XIX
Categoría principal: Pintores del siglo XIX

• Charles Dickens (1812–1870)
• Mark Twain (1835-1910)
• Edgar Allan Poe (1809-1849)
• Friedrich Nietzsche (1844–1900)
• Stendhal (1783–1842)
• Robert Louis Stevenson (1850–1894)
• Emily Dickinson (1830-1886)
• Rubén Darío (1867-1916)
• George Sand (1804-1876)
• Charles Baudelaire (1821-1867)
• Henrik Ibsen(1828 - 1906)
• Gustave Flaubert (1821-1880)
• Julio Verne (1828-1905)
• Richard Wagner (1813-1883)
• Johannes Brahms (1833-1897)
• Franz Schubert (1797-1828)
• Robert Schumann (1810-1856)
• Claude Debussy (1862-1918)
• Franz Liszt (1811-1886)
• Gustav Mahler (1860-1911)
• Fryderyk Chopin (1810-1849)
• Alexander Scriabin (1872-1915)
• Piotr Ilich Chaikovski (1840-1893)
• Erik Satie (1866-1925)







Véase también: Anexo:compositores del romanticismo
• Eugène Delacroix (1789 - 1863)
• Théodore Géricault (1791 - 1824)
• Francisco Goya(1746 - 1828)
• Joseph Mallord William Turner (1775 - 1851)
• Caspar David Friedrich (1774 - 1840)
• Vincent Van Gogh (1853 - 1890)
• Paul Cézanne (1839 - 1906)
• Henri de Toulouse-Lautrec (1864 - 1901)
• Edgar Degas (1834 - 1917)
• Claude Monet (1840 - 1926)
• Pierre-Auguste Renoir (1841 - 1919)






Arquitectura Escultura
Artículo principal: Anexo:Arquitectos del siglo XIX
Artículo principal: Anexo:Escultores del siglo XIX

Categoría principal: Arquitectos del siglo XIX)
Categoría principal: Escultores del siglo XIX

• Louis Sullivan (1856–1924)
• Frederick Law Olmsted (1822-1903)
• Richard Hunt (1827-1895)
• Alexandre Gustave Eiffel (1832-1923)
• Joseph Paxton (1803–1865)
• Augustus Welby Northmore Pugin (1812–1852)
• Gottfried Semper (1803-1879)
• Charles Barry (1795–1860)
• William Burges (1827-1881)
• Henri Labrouste (1801–1875) • Edgar Degas (1834 - 1917)
• Umberto Boccioni (1882 - 1916)
• Auguste Rodin (1840 - 1917)
• David d'Angers (1788 - 1856)
• Edwin Landseer (1802 - 1873)
• Joseph Bernard (1866 - 1931)
• Antoine Bourdelle (1861 - 1929)
• Medardo Rosso (1858 - 1928)
• Jean-Baptiste Carpeaux (1827 – 1875)
• Antoine-Louis Barye (1796 - 1875)






Otras personalidades del siglo XIX
Religiosos Políticos Empresarios
Artículo principal: Anexo:Autoridades religiosas del siglo XIX
Artículo principal: Anexo:Políticos del siglo XIX
Artículo principal: Anexo:Empresarios del siglo XIX

Categoría principal: Autoridades religiosas del siglo XIX
Categoría principal: Políticos del siglo XIX
Categoría principal: Empresarios del siglo XIX

• León XIII
• Pío VII
• León XII
• Pío VIII
• Gregorio XVI
• Beato Pío IX
• León XIII
• San Pío X
• Benedicto XV
• Pío XI
• Otto von Bismarck (1815-1898)
• Francisco José I (1830-1916)
• Abraham Lincoln(1809-1865)
• Ulysses S. Grant (1822-1885)
• Theodore Roosevelt (1858-1919)
• Luis Felipe I de Francia (1773-1850)
• Napoleón III (1808-1873)
• Benjamin Disraeli (1804-1881)
• Victoria I de Hannover (1819-1901)
• Benito Juárez (1806- 1872) • John William Lubbock (1803–1865)
• Sir John Lubbock (1834-1913)
• John Jacob Astor (1763-1848)
• Cornelius Vanderbilt (1794-1877)
• Andrew Carnegie (1835-1919)
• John D. Rockefeller (1839-1937)
• John Pierpont Morgan (1837–1913)
• Thomas Alva Edison (1847–1931)







Bibliografía
Historia Socioeconómica
Eric Hobsbawm, "La era de la revolución, 1789-1848"
Eric Hobsbawm, "La era del capital, 1848-1875"
Eric Hobsbawm, "La era del imperio, 1875-1914"






Historia Sociocultural






Arnold Hauser, "Historia social de la literatura y el arte"
William Fleming, "Arte, música e ideas"



















ESCUCHAR Y SENTIR EL ESPÍRITU ROMÁNTiCO

http://www.youtube.com/watch?v=YAOTCtW9v0M&feature=related


http://www.youtube.com/watch?v=6Q9fBU5ICxc&feature=related

jueves, 18 de noviembre de 2010

Teatro del Absurdo

Check out this SlideShare Presentation:

miércoles, 17 de noviembre de 2010

martes, 9 de noviembre de 2010

PANORÁMICA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA DEPUÉS DE LA GUERRA CIVIL




Numerosos poetas participaron en la guerra civil del lado republicano escribiendo poemas destinados a la propaganda de estos ideales. Podemos nombrar algunos de los más representativos: Antonio Machado, León Felipe, Rafael Alberti, Federico García Lorca y Miguel Hernández. Este último fue encarcelado y murió en prisión en 1942. García Lorca fue fusilado a causa de sus ideas en 1936, al poco de empezar la guerra.

Tras la guerra, la generación del 27, casi en su totalidad, se tiene que ir de España. Reseñaremos algunos de los exilados tanto de esta Generación del 27 como otros que no pertenecieron a ella:

Antonio Machado a Francia, donde muere en 1939.
Miguel Hernández fue encarcelado y muere en la cárcel en 1942
Rafael Alberti a Argentina y Roma. Regresó en 1977.
Pedro Salinas a Norteamérica Muere en Boston en 1951.
Jorge Guillen a Norteamérica, regresó en 1977.
Luis Cernuda a México, donde muere en 1963.
León Felipe a México, donde muere en 1968.

Desde el Exilio, reanudan poco a poco su actividad literaria, publicando poemas donde predominan los ataques amargos contra los vencedores, contra la ideología nacional-católica, la denuncia de la situación desastrosa en que ha quedado el país. Todo ello en un tono lastimero y agresivo. Pasado el tiempo, la obra de estos autores en el exilio toma un tono más personal y reflexivo, menos bronco.
Dentro de España se quedan poetas como Vicente Aleixandre, Dámaso Alonso, Gabriel Celaya y Blas de Otero, todos ellos nacidos antes del 1920. Ellos no se exiliaron

Bastantes novelistas corrieron similar suerte que los poetas, marcharon del país, con objeto de no ser encarcelados o fusilados. Su obra se realiza al margen de la literatura que se hace en España y, en general, tratan con insistencia en sus relatos el tema de la guerra civil y la evocación nostálgica de la patria perdida.
Los autores más representativos de la narrativa del exilio fueron:

Ramón J. Sender: Requiem por un campesino español (1960)
Max Aub: Campo de sangre (1945 )
Francisco Ayala: La cabeza del cordero (1949)
Rosa Chacel: "Barrio maravillas" (1976)


El exilio supuso para los autores de teatro la separación definitiva del público para el que hasta entonces habían escrito. A partir de entonces tienen otro público lector y sobre todo otro público espectador, con lo cual se tienen que adaptar a nuevos temas y ambientaciones para sus obras.
Los principales autores teatrales en el exilio son:

Rafael Alberti: Noche de guerra en el Museo del Prado (1956)
Max Aub: San Juan (1943)
Alejandro Casona: La dama del alba (1944)
Arriba
Rosa Chacel y Alberti
2.- La literatura existencial • AÑOS 40En la inmediata posguerra se hace evidente la ruptura que se realiza en la evolución literaria anterior a la guerra. Es una etapa en que domina la pobreza creadora.
Los autores afines al régimen se dedican a exaltar la ideología vencedora, a plasmar el costumbrismo de épocas anteriores a la guerra o a lo humorístico. Hasta los años 50 no comienzan los indicios de renovación literaria.
En la narrativa surge, en 1942, el Tremendismo de la mano de Camilo José Cela, al publicar su novela “La familia de Pascual Duarte”. El tremendismo consiste en plasmar una visión agria de las realidades míseras y brutales. Se recoge, por vez primera tras la guerra, lo sórdido, lo histérico, las ilusiones fracasadas. La amargura de la vida cotidiana será característico, aunque con un enfoque existencial más que social. Tras el malestar vital, tras las angustias personales, se perciben unas preocupaciones sociales concretas, aun cuando los autores no tuvieran una especial intención de denuncia social, cosa que tampoco permitía la censura. En las novelas se presenta un panorama de la sociedad desolado. Los temas que aborda son la soledad, la inadaptación, la frustración, la muerte....

Los autores que representan este tipo de novela son:

C. José Cela: La familia de Pascual Duarte (1942).
Carmen Laforet: Nada (1944)
Miguel Delibes: La sombra del Ciprés es alargada (1948)

Estas tres novelas comparten el tono sombrío y existencial, que contrasta con el triunfalismo o la actitud evasiva, general en la novela de éxito de la inmediata posguerra, por parte de los partidarios del régimen; por eso abundan en sus narraciones los personajes desorientados, tristes y frustrados.
En poesía también hay unos autores que siguen acorde al régimen de Franco. Se denomina como " poesía arraigada ", donde consideran que el mundo está bien hecho y ensalzan el orden establecido, la idea de Dios y los temas amorosos. Siguen una línea clásica, de belleza formal, una poesía "bien hecha" y que, muy a menudo se desentiende de los problemas del hombre. Leopoldo Panero, Dionisio Ridruejo y, sobre todos, Luis Rosales, serán los máximos exponentes de esta poesía.

Por el contrario, hay autores críticos y descontentos con el régimen que hacen la
poesia desarraigada (a veces con tonos cercanos al tremendismo), donde el Hombre (y sus tristes circunstancias) es el principal tema poético. También hay poemas religiosos, pero de una religión difícil y problemática, del hombre que se rebela y se enfrenta a un Dios que guarda silencio ante los problemas de la Humanidad. Es esta una poesía existencial; el hombre está angustiado por el tiempo y la muerte, la represión, la injusticias, al hambre... Las normas son más libres, menos clásicas; los poemas son más broncos; el estilo, más sencillo.

El libro de Dámaso Alonso, “
Hijos de la ira” impactó en 1944. Además de este autor también son dignos de mención es este movimiento Gabriel Celaya y Blas de Otero, pero a ambos se les considera también importantes en la siguiente década de los 50 con lo que se llamó poesía social, por lo tanto aludiremos en dicho apartado a ellos.
Los autores más destacados de esta década pertenecieron a la generación del 27, y son:

Miguel Hernández: Viento del pueblo (1937)
Dámaso Alonso: Hijos de la ira, (1944)
Vicente Aleixandre: Sombra del paraíso (1943)

El impacto de la guerra civil sobre el teatro fue tremendo. La censura explica la extraordinaria pobreza que en todos los aspectos afectó al teatro, esta fue más perjudicial para él que para otros géneros literarios. Los empresarios teatrales se alejaron de la más mínima aventura experimental donde pudieran cerrarles la función, y por tanto se instauró el hábito de la autocensura en los escritores. Esto hace que, con frecuencia, el teatro quede reducido a su papel de diversión. En el terreno lúdico, además, le sale un competidor feroz: el cine. De ahí que podamos hablar, en esta época, de crisis general del teatro.
Existen dos tendencias fundamentales dentro de este teatro conformista: El continuismo, y el humor.
El Teatro continuista basado en un diálogo agudo y brillante, puesto de moda por Benavente. Con frecuencia, los autores de esta tendencia realizan un teatro histórico y triunfalista, en el que se intentan recuperar las glorias del Imperio español. Se creó el Teatro Nacional de la Falange (para mantener vivo nuestro teatro áureo) y se escriben nuevas obras. José María Pemán, Juan Ignacio Luca de Tena y Joaquín Calvo Sotelo son los exponentes de este tipo de teatro
En el teatro de humor, su intención es divertir pero con ingenio y en ocasiones, como el caso de Mihura, llegando al absurdo o a la burla corrosiva de los hábitos burgueses y provincianos. Sus representantes destacados son:

Jardiel Poncela: Eloísa está debajo de un almendro (1940)
Miguel Mihura: Tres sombreros de copa (1932). Hasta 1952 no se representó

3.- El Realismo SociaL • años 50
En 1950 surge el Realismo Social, caracterizado por la solidaridad con los humildes y los oprimidos, la disconformidad ante la sociedad española, el anhelo de cambios...

La novela española de esta década recoge pronto las nuevas preocupaciones sociales y abandona la visión existencial e intimista de la década anterior.

En la temática surge la sociedad española, con un desplazamiento de lo individual a lo colectivo; la dureza de la vida en el campo, las dificultades de la transformación de los campesinos en trabajadores industriales; la explotación del proletariado y la banalidad de la vida burguesa.

En cuanto al estilo, la estructura del relato es sencilla (lineal), con bastantes descripciones; todo sucede en un corto espacio de tiempo, con un personaje colectivo y abundando el diálogo. Es una técnica sencilla, objetiva, casi documental: Estilo desnudo y directo con el que se pretende llegar a un amplio público. Los contenidos testimoniales o críticos son más importantes que el estilo. De una manera más o menos explícita la crítica social aparece en todas las obras de estos autores, su simpatía por los vencidos y desposeídos es
evidente. En general rechazan la novela psicológica o intimista.

A lo largo de la década, el realismo social se intensifica y en el año 1954 alcanza su momento cumbre, pues se publican varias obras de este tipo.
Los autores más representativos son:

Miguel Delibes: El camino (1951)
Camilo J. Cela:
La colmena (1951)
Luis Romero: La noria ( 1952)
Ignacio Aldecoa: El fulgor y la sangre (1954)
Jesús Fdez. Santos: Los bravos (1954)
Juan Goytisolo: Juegos de manos (1954)
Rafael Sánchez Ferlosio: El Jarama (1956)
Ana Mª Matute: Los hijos muertos (1958)
Carmen Martín Gaite: Entre visillos (1958)

En los años 50, coincidiendo con la aparición de la novela social también surge la poesía social. En 1955 se publican Cantos iberos de Gabriel Celaya y Pido la paz y la palabra de Blas de Otero. Se advierte un paso de lo individual a lo colectivo, a lo social. Se rechazan los problemas íntimos como tema poético; también se produce un rechazo del esteticismo. El poeta debe dejar de lado sus problemas personales y comprometerse, tomar partido ante la situación del momento.
Se pretende crear una poesía para mayorías, una poesía clara, que llegue al pueblo. A veces se cae en el
coloquialismo y en el prosaismo . En el poema “Pido la paz y la palabra” Celaya nos dirá que "la poesía es un arma cargada de futuro".
Blas de Otero publicó algunos libros en París por culpa de la poca libertad de expresión en España: En Castellano (1959) y Que trata de España (1964). Poco a poco estos autores descubrirán que la poesía no llega a la mayoría y reorientarán su tarea, buscando nuevos caminos estéticos.
Los más representativos son:
Blas de Otero: Pido la paz y la palabra. (1955)
José Hierro: La quinta del 42 (1952)
Gabriel Celaya: Cantos iberos (1955)


El teatro comprometido, de protesta y denuncia Se nos presenta como la contrapartida al teatro costumbrista y de evasión que hemos analizado hasta ahora.

La década de los cincuenta se abre con tres importantes estrenos: “Historia de una escalera”, de Buero Vallejo; “Tres sombreros de copa” de Miguel Mihura y “Escuadra hacia la muerte”.de Alfonso Sastre.
Con los estrenos de Buero Vallejo y Sastre se vio la posibilidad de hacer un teatro distinto, que reflejara los problemas del momento. Sus temas abordan problemas de obreros, estudiantes, las injusticias sociales (la explotación del hombre por el hombre, la vida proletaria, la hipocresía), la marginación, los nuevos esclavos de la sociedad contemporánea, etc. No obstante, si critican abiertamente, sus obras son censuradas y no llega el mensaje que con ellas quieren transmitir.

Por ello se plantean cómo denunciar o criticar lo máximo posible sin que les lleguen a censurar y las obras se lleguen a representar. Buero Vallejo apostaba por un teatro "lo más arriesgado posible, pero no temerario". Decía que Sastre hacía un teatro abiertamente
imposible para contar en su currículum con un mayor número de prohibiciones oficiales.
Se caracterizan estos autores por poseer un lenguaje violento, incluso desafiante, directo, sin eufemismos, claramente opuesto al lenguaje biensonante y neutro del teatro "oficial". Estas actitudes les impiden estrenar la mayoría de sus obras.
Los más destacados:

Buero Vallejo: Historia de una escalera (1949)
Alfonso Sastre: Escuadra hacia la muerte (1953)
Buero Vallejo: El concierto de San Ovidio (1962)
Lauro Olmo: La camisa (1962)
José Martín Recuerda: Las salvajes en Puente San Gil (1963)
Antonio Gala: Los verdes campos del Edén (1963)


Publicidad años 40


RAFAEL ALBERTI



jueves, 4 de noviembre de 2010

sábado, 16 de octubre de 2010

Poeta en Nueva York de Federico García Lorca: fragmentos y figuras de una estética emergent


Gran parte de la crítica especializada coincide en que Poeta en Nueva York responde a la etapa surrealista
de la actividad poética de Federico García Lorca. Así por ejemplo, Pedraza Jiménez expresa
que en esta obra de Lorca se manifiestan las tendencias generales del surrealismo, puesto que se acoge
a las ya famosas técnicas de escritura automática y de imágenes recreadas del mundo de los sueños.
Indica Pedraza, de igual forma, que el texto "ofrece los mecanismos expresivos para mostrar la amenaza,
personal y colectiva, de una civilización que conduce al desarraigo, a la soledad y a la muerte"
(323). Otros se limitan a leer Poeta en Nueva York como la expresión profunda de una experiencia
"insoportable". Sin embargo, más que un ejercicio de técnica surrealista o el resultado de una vivencia
dolorosa, consideramos que en esta obra, que marca una ruptura con toda su producción anterior, Lorca
"sobrevive" a una poderosa experiencia creativa desde la cual nos lega el redescubrimiento de mayores
y más universales formas de sentimiento común, mayores y más notables formas de compromiso social
y, especialmente, una superior y novedosa libertad de expresión lingüística y emocional.
Este estudio intenta comprender Poeta en Nueva York como un libro escrito desde una estética que desborda el surrealismo y como un acto voluntario que no aniquila al autor sino que lo proyecta a nuevos planos de creación. Para ello, es indispensable comenzar por entender la intencionalidad subyacente en ese acto creador. Lejos de considerar que Lorca fuera incapaz de "soportar" su experiencia neoyorkina, creo que su mirada, su percepción, y en consecuencia, sus escritos sobre Nueva York, fueron el resultado de una decisión de "ver" y "escribir" el otro lado de la realidad, el otro mundo que se escondía bajo la belleza aparente de la gran manzana:

Existen las montañas, lo sé.
Y los anteojos para la sabiduría,
lo sé. Pero yo no he venido para ver el cielo.
He venido para ver la turbia sangre,1
La sangre que lleva las máquinas a las cataratas
y el espíritu a la lengua de la cobra.2

De este modo el poeta fija su posición. Reconoce que la realidad es apariencia engañosa y decide no "ver" ni "decir" esa apariencia. Y tal como afirma Regis Debray, esa realidad/apariencia es una construcción: "Cada cultura, al elegir su verdad, elige su realidad: lo que decide tener por visible y digno de representación" (144). Por ello el poeta opta por el grito, la denuncia, el desafío a esa realidad que, la mayoría de las veces, se nos muestra como "espectáculo", y decide jugar con ese "espectáculo" para degradarlo, acusarlo y, de alguna forma, destruirlo. Así, lejos de lo que algunos han llamado el "aniquilamiento" de su poesía, los poemas de este libro constituyen la prefiguración de una poética con resonancias verdaderamente universales, de largo aliento estético y co-fundadora de una estética emergente que llevaba en su seno los signos que, hoy, 70 años después, podríamos denominar protopoética de la escritura posmoderna.
En este sentido, mi trabajo se centrará en presentar algunos de los rasgos distintivos que emergen de una estética que canta esa crisis del pensamiento llamada "postmodernidad" – crisis que se evidencia en todos los poemas de Poeta en Nueva York – y que, sin pretender convertirse en "características" definitorias, comportan una/otra forma de expresarse el sujeto de la enunciación póetica, y, una/otra forma de poetizar el mundo. Tales rasgos son: el cuestionamiento a la realidad, las nuevas experiencias subjetivas y la cultura del espectáculo, el descentramiento y la revelación de los márgenes, y finalmente, el lenguaje de la negatividad.

1. Entre la realidad y lo "real"
Se supone que lo "real" debería ser consustancial con la realidad y sin embargo sabemos que no siempre es así. La realidad es una construcción dada desde el seno de formaciones discursivas (especialmente desde "el poder") convenidas y aceptadas culturalmente. Así, una "realidad" se impone a los hombres y establece una idea de organización, orden, coherencia y legitimidad. Por lo cual, coincidimos con Víctor Bravo cuando nos define una "realidad" como un conjunto de certezas y presuposiciones sobre tiempo y espacio, número y causalidad, que integra, de manera no problemática, ser y mundo, y que excluye todo aquello que pueda anularlo, negarlo, ponerlo en peligro (Poderes 15). Sin embargo, y reiterando a Bravo, "la primera razón del acontecimiento literario parece ser el cuestionamiento de lo ‘real’" (19), pues en cualquier realidad subyace, y en ocasiones emerge, lo real como signo inequívoco que denuncia la inestabilidad de esa realidad.

Cuando Lorca llega a Nueva York, aunque "la realidad" de la gran urbe lo impacta profundamente, el poeta logra trascender las apariencias que se le ofrecen y empieza a reconocer lo "real" que allí late,lo "real" que allí convive entre los intersticios de la "realidad" misma. La percepción de lo "real" se descubre en sus poemas a través de un elemento vital: la mirada. Su ojos, su mirada y su visión se asombran ante lo "real" trastocando su sensibilidad y su manera de expresar la apariencia de dicha realidad. Su mirada penetra la alteridad y el poeta expresa lo que sus ojos ven y lo que sus ojos no vieron:
9

Aquellos ojos míos de mil novecientos diez
no vieron enterrar a los muertos,
ni la feria de ceniza del que llora por la madrugada,
ni el corazón que tiembla arrinconado como un caballito de mar.
[...]
Aquellos ojos míos en el cuello de la jaca,
en el seno traspasado de Santa Rosa dormida,
en los tejados del amor, con gemidos y frescas manos,
en un jardín donde los gatos se comían a las ranas.3

Esa mirada trasciende la realidad y detecta las aristas de lo "real" como dislocación del mundo. Casi paradójicamente nos dice que la realidad cambió, y su apariencia engaña la sensibilidad. Buscando plenitud encuentra vacío. Encuentra un mundo que "anda vestido", que lleva sus máscaras, que esconde
la belleza de la desnudez:

No preguntarme nada. He visto que las cosas
cuando buscan su curso encuentran su vacío.
Hay un dolor de huecos por el aire sin gente
y en mis ojos criaturas vestidas ¡sin desnudo!4

Esta imagen de lo "real" lo traspasa como arma de doble filo y escinde su escritura radicalmente. Este atisbo hacia nuevas figuraciones del vacío, el dolor y la muerte lo hiere, destruyendo la íntima relación que hasta entonces había tenido con el mundo feliz de las cosas que amaba: su Andalucía, su luna, su guitarra, sus gitanos. Su mirada, hilo conductor en el nuevo mundo, acusa lo real, delata la presencia amenazante de una cotidianidad que lo fragmenta y lo dispersa, y ante la cual se encuentra perdido, sin señales, sin defensas, sólo con su mirada.

¡Ay de mí! ¡Ay de mí! ¡Ay de mí!
Esta mirada mía fue mía, pero ya no es mía,
esta mirada que tiembla desnuda por el alcohol
y despide barcos increíbles
por las anémonas de los muelles.
Me defiendo con esta mirada
que mana de las onzas por donde el alba no se atreve,
yo, poeta sin brazos, perdido
entre la multitud que vomita,
sin caballo efusivo que corte
los espesos musgos de mis sienes.5

Este nuevo "real" amerita un lenguaje capaz de interpretarlo y capaz de reflejar su complejidad. Es la prefiguración de un pensamiento que inicia los quiebres paradigmáticos y da cuenta de las nuevas formas de darse y constituirse lo real. Después de esta mirada, sólo es posible el desenmascaramiento. Sólo es, éticamente deseable, el enfrentamiento a esa realidad dada y, entonces, emergerá su poética como resistencia ante el mundo de las apariencias. Surge una estética que denuncia la inconsistencia de la realidad, la imposibilidad de reconcialiación con un "humano" que ha sido su hechura, con una miseria que es su epílogo más lamentable y, especialmente, con la degradación y conducción de ese "humano" a las experiencias límites.

2. La experiencia subjetiva y el espectáculo
Una nueva subjetividad alude a una/otra forma de sentir y expresarse el sujeto de la enunciación poética. Hablamos de una voluntad ética y estéticamente fundada en el reconocimiento de la complejidad que lo circunda y de la cual emerge un sujeto comprometido con ciertas prácticas de lenguaje, que responden igualmente a unas/otras formas de expresión de la intersubjetividad, de la llamada "conciencia colectiva" y, en definitiva, una/otra forma de praxis emancipatoria.6

Es así como las prácticas de libertad cotidiana se contraponen a los grandes proyectos de liberación. El sujeto se convierte en vehículo que denuncia el fracaso de tales proyectos y delata el mesianismo utópico. Por ello, en los poemas de este libro, vemos a un Lorca que, quizá por primera vez, se pone "en contra". Recordemos, que hasta ahora su poesía era un canto "a favor": de la vida, de la pureza, de la inocencia, de la sencillez, del mundo mágico y de la sabiduría popular, y ésta había su mayor forma de resistencia. Ahora, lo vemos "en contra": del consumismo, del afán monetario, de la miseria, de la iglesia y su falso cristianismo, del bajo mundo homosexual y de todo aquello que atenta contra la dignidad del ser humano; es decir, su voz se hace denuncia:

Yo denuncio a toda la gente
que ignora a la otra mitad,
la mitad irredimible
[...]
No, no; yo denuncio.
Yo denuncio la conjura
de estas desiertas oficinas
que no radian las agonías,
que borran los programas de la selva.7

Es el primer indicio de reconocimiento de la "cultura del espectáculo" como signo de una época, de una realidad y de un modo de darse la vida. Es encuentro con el mundo de las apariencias y sus muchas representaciones.
Inicio del desenmascaramiento de dicho mundo y la emergencia de una nueva subjetividad que enfrenta a los discursos del poder que históricamente han impuesto, depuesto, relegado, excluido, sancionado, censurado, deformado, asimilado y aniquilado, generando una discursividad que aseguraba las maneras de decirse y hacerse el poder, el orden, la norma, la ley y el control. Poeta en
Nueva York aparece como un discurso que trastoca, fragmenta, especifica y exterioriza la discontinuidad y el caos dentro de la historia y se convierte en discurso de la resistencia frente al poder en todas sus formas. Vemos cómo en algunos de sus poemas, esta denuncia toma ciertos rasgos apocalípticos, y, utilizando un claro estilo de sentencia bíblica, lo oímos decir:

El mascarón bailará entre columnas de sangre y de números,
entre huracanes de oro y gemidos de obreros parados
que aullarán, noche oscura, por tu tiempo sin luces,
¡oh salvaje Norteamérica!, ¡oh impúdica!, ¡oh salvaje,
tendida en la frontera de la nieve!
El mascarón. ¡Mirad el mascarón!
¡Qué ola de fango y luciérnaga sobre Nueva York!
[...]
Que ya las cobras silbarán por los últimos pisos,
que ya las ortigas estremecerán patios y terrazas,
que ya la Bolsa será una pirámide de musgo,
que ya vendrán lianas después de los fusiles
y muy pronto, muy pronto, muy pronto.
¡Ay, Wall Street!8

En otros poemas, la denuncia es contundente y su palabra se convierte en grito. Sucede, por ejemplo,cuando el poeta se enfrenta a la degradación de la condición humana, como es el caso de aquellas que rebajan la homosexualidad para convertirla en espectáculo público propio de seres indignos:

Pero sí contra vosotros, maricas de las ciudades,
de carne tumefacta y pensamiento inmundo,
madres de lodo, arpías, enemigos sin sueño
del Amor que reparte coronas de alegría.
[...]
¡Maricas de todo el mundo, asesinos de palomas!
Esclavos de la mujer, perros de sus tocadores.
abiertos en las plazas con fiebre de abanico
o emboscados en yertos paisajes de cicuta.9

Pero donde se nota con mayor fuerza la denuncia del espectáculo es en su clara posición frente a la Iglesia Católica y su cristianismo cosificado. En "Grito hacia Roma (Desde la torre del Chrysler Building)", se puede observar cómo la refinada ironía recusa el vacío de la palabra sagrada, que resuena entre el desamparo, la desesperanza y la muerte. Palabra que no alcanza a realizar las promesas de Dios, pues se pierde en las redes y jerarquías de una iglesia atrapada en sus propios dogmas de fe:

Pero el hombre vestido de blanco
ignora el misterio de la espiga,
ignora el gemido de la parturienta,
ignora que Cristo puede dar agua todavía,
ignora que la moneda quema el beso de prodigio
y da la sangre del cordero al pico idiota del faisán.
[...]
Pero el viejo de las manos traslúcidas
dirá: amor, amor, amor,
aclamado por millones de moribundos;
dirá: amor, amor, amor,
entre el tisú estremecido de ternura;
dirá: paz, paz, paz,
entre el tirite de cuchillos y melones de dinamita;
dirá: amor, amor, amor,
hasta que se le pongan de plata los labios.

Es así, entonces, que el espectáculo queda al descubierto. El desenmascaramiento se ha producido y el poeta ahora incorpora lo que dicho "espectáculo" había relegado a segundos planos, lo que se ocultaba porque "dañaba" los efectos de prestidigitador que todo espectáculo pretende lograr en las "masas". Es cuando aparece ese otro rasgo definitorio de esta poesía: el canto desde los márgenes. El canto de lo que hasta ese momento estaba fuera de la poesía por feo, inmoral, blasfemo o antinormativo. Cada poema constituye un intento de decirnos el foco de realidad que se vivía en ese instante; cada uno constituye una ontología de la cotidianidad, que dice lo que se estaba "siendo" y "haciendo" en lo real y, a través de la colocación de su poesía en los bordes, se niega y se destruye la centralidad impuesta por el espectáculo.

3. La revelación de los márgenes
Poeta en Nueva York está poblado de los seres y cosas marginales de la sociedad. Así, los negros, los judíos, los homosexuales, las prostitutas, los niños y hombres de la calle y los insectos, tienen una voz que los expresa. Será en estos márgenes donde el poeta coloca el sentimiento. Tanto la esperanza como
la desesperanza habitan allí, pues sólo allí podemos encontrar una "humanidad" imposible de ser hallada en las imágenes del espectáculo. En ellos se encuentra la pena y la redención:

Mientras tanto, mientras tanto, ¡ay!, mientras tanto,
los negros que sacan las escupideras,
los muchachos que tiemblan bajo el terror pálido de los directores,
las mujeres ahogadas en aceites minerales,
la muchedumbre de martillo, de violín o de nube,
ha de gritar aunque le estrellen los sesos en el muro,
ha de gritar frente a las cúpulas,
ha de gritar loca de fuego,
ha de gritar loca de nieve,
ha de gritar con la cabeza llena de excremento,
ha de gritar como todas las noches juntas,
ha de gritar con voz tan desgarrada
hasta que las ciudades tiemblen como niñas
y rompan las prisiones del aceite y la música,
porque queremos el pan nuestro de cada día,
flor de aliso y perenne ternura desgranada,
porque queremos que se cumpla la voluntad de la Tierra
que da sus frutos para todos.10

Pero también es la presencia de un mundo más pequeño aún, de un mundo ignorado por su aparente insignificancia: el mundo de las criaturas "planas", como él las denomina; y que, como todos sabemos, toca el lado de sus afinidades. "Luna y panorama de los insectos" es un poema en el que Lorca logra identificarse con los millones de seres que pueblan los espacios del microcosmos, de los seres que no aspiran grandeza, sapiencia o belleza contingente, pues su única esencia estriba precisamente en su pequeñez, y cuyos movimientos y cotidianidad parecen no afectar el desensolvimiento del universo:

Pido la sola dimensión
que tienen los pequeños animales planos,
para narrar cosas cubiertas de tierra
bajo la dura inocencia del zapato;
no hay quien llore porque comprenda
el millón de muertecitas que tiene el mercado,
esa muchedumbre china de cebollas decapitadas
y ese gran sol amarillo de viejos peces aplastados.
Tú, Madre siempre temible. Ballena de todos los cielos.
Tú, Madre siempre bromista. Vecina del perejil prestado.
Sabes que yo comprendo la carne mínima del mundo.11

Y esta apuesta por "las pequeñas" cosas del margen es fruto de la imposibilidad de "las grandes" de reconocer esperanzas verdaderamente humanas para el hombre. De allí ese aire de imposibilidad de emancipación que parece encontrarse en la mayoría de los poemas. En cambio, un aparente fatalismo se impone como sino mortal de las nuevas generaciones:

Porque ya no hay quien reparta el pan ni el vino,
ni quien cultive hierbas en la boca del muerto,
ni quien abra los linos del reposo,
ni quien llore por las heridas de los elefantes.
No hay más que un millón de herreros
forjando cadenas para los niños que han de venir.12

Y esta negatividad tendrá expresión en todo el poemario, estatuyendo el último de los rasgos que completará nuestra mirada sobre el texto.

4. La experiencia de la negación
La mayoría de los textos de Poeta en Nueva York niegan los llamados "valores positivos": el orden, la religión, la moral, la belleza, la unidad corpórea y cósmica, la sexualidad definida, el lenguaje retórico y florido, la naturaleza límpida y transparente, y, en definitiva, la imagen del hombre feliz consigo mismo y con su entorno. En su lugar, la subjetividad del poeta —aquello que conocemos como el "yo" poético— se expresa a través de los llamados "valores negativos": el desorden, el caos, la fragmentación del "yo", la dispersión del cuerpo, lo escatológico, lo grosero y hasta vulgar, para nombrar lo innombrable dejado por la modernidad y sus nociones de progreso, desarrollo, razón y ciencia.

La subjetividad lorquiana en Poeta en Nueva York nos habla desde la dispersión, el fragmento y la dislocación de los centros. Sin embargo, su mayor expresividad se encuentra en el lenguaje de la negatividad; lenguaje que enciende la posibilidad real a la oposición y resistencia a los regímenes de verdad que
gobiernan en momentos dados las representaciones del poder y su acción sobre la constitución misma de la subjetividad. De esta forma, si "las lenguas nos imponen un orden del mundo" (Bravo, Terrores 37), o si, como plantea Barthes, es "un sometimiento generalizado" (12), romper con la linealidad del lenguaje es el mayor acto de sublevación posible para degradar la realidad. Complicar el lenguaje, hacerlo casi incomprensible, retorcer el signo para dislocar el sentido, constituye el mayor gesto de negación y denuncia de lo real. No someterse a las imposiciones del lenguaje es no someterse a las "realidades" ni a las "verdades" que confronta el poeta. De ahí que el lenguaje y el sentimiento del poeta se expresan en el más puro terreno de la simbología y la metáfora. Y todo esto porque el mundo que sus ojos han captado no tiene redención y la seductora y aparente belleza de Nueva York es una ilusión creada artificialmente para atrapar y no para liberar. Pero el poeta sabe que el mundo de la vida es otro:


Agonía, agonía, sueño, fermento y sueño.
Éste es el mundo, amigo, agonía, agonía.
Los muertos se descomponen bajo el reloj de las ciudades.
La guerra pasa llorando con un millón de ratas grises,
Los ricos dan a sus queridas
Pequeños moribundos iluminados,
Y la vida no es noble, ni buena, ni sagrada.13

Lorca se decide por la supuesta negatividad que trasciende la ilusoria imagen de un mundo positivo. Al negar el mundo, su poesía vuelve a fundarlo desde una perspectiva más humana. Su posición no puede, en ningún caso, considerarse "negatividad" de acción. Su decisión final, manifiesta explícitamente en "Tierra y Luna", es la palabra que confirma su visión de la realidad y su apuesta por la vida, la del excluido y el rechazado por las demoledoras aspas del capitalismo salvaje. Poeta en Nueva York constituye la prefiguración de una poesía emergente. Cada poema ratifica que quienes habitan al otro lado del muro, los poetas, siguen siendo habitantes de su propia imaginación: pequeños constructores de mundos extraordinarios, movidos por fuerzas complejas en un espacio de naturaleza incierta, que siempre,quizá a su pesar, quizá no, van un paso adelante en el camino.

NOTAS
1. Todas las negritas son mías.
2. New York (Oficina y denuncia).
3. 1910 (Intermedio).
4. 1910 (Intermedio).
5. Paisaje de la multitud que vomita.
6. Rigoberto Lanz en el Seminario Post Doctoral "¿Fin del Sujeto?" realizado en Caracas en noviembre de 1993, expuso una ponencia titulada "Sujeto y razón negativa: ensayo sobre las condiciones epistemológicas para una nueva subjetividad", en la que explica lo que significa una voluntad éticamente fundada.
Ésta implica: "...una sensibilidad, la disposición política, el pensamiento, los sistemas de representaciones [...] vehiculado por prácticas discursivas específicas" (4) que frente al poder constituyan una posibilidad de resistencia que desmantele toda forma de opresión o hegemonía cultural-política y social, y
enuncie un horizonte radical de emancipación.
7. New York (Oficina y denuncia).
8. Danza de la muerte.
9. Oda a Walt Whitman.
10. Grito hacia Roma.
11. Luna y panorama de los insectos.
12. Grito hacia Roma.
13. Oda a Walt Whitman.

OBRAS CITADAS
Barthes, Roland. Leçón inaugur ale de la chaire de sémiologie littéraire du College de France. París: Du Seuil, 1978.
Bravo, Víctor. Los poderes de la ficción. Caracas: Monte Ávila Editores, 1993.
.---Terrores de fin de milenio: del orden de la utopía a las representaciones del caos.
Mérida: Talleres Gráficos Universitarios ULA, 1999.
García Lorca, Federico. Antología poética. Barcelona: Plaza & Janés Editores, 1999.
Lanz, Rigoberto. Sujeto y Razón Negativa: Ensayo sobre las condiciones epistemológicas para una nueva
subjetividad. Caracas: UCV, 1993
.---"Tiempo posmodernizado: el arte de narrar el presente". Versal Mayo-Octubre 1995: 13-16.

Omaira Hernández Fernández